Revancha soy de campo
y amapola
que habita entre barrancos de penumbra
y roban, para licuar el sueño,
antiguos seres afines a la tierra.
y sueño
de impronunciable pesadilla
que habita la ribera de lo muerto
donde, por fin, restañan la heridas.
y odio
que arrebata hasta el aliento
y arrastra imparable a la locura
a quien del rencor hace su bandera.
y mi contrario
que ama ciego como un niño
hambriento de calor y de presencia
la dulzura redonda de tus pechos.
Es hora
ResponderEliminarde cerrar las ventanas y de echarse
a llorar sobre aquellos
que fuimos. Hora de
aprender ya que el corazón es sólo
un pájaro que llama y que responde.
¡Que placer leerte! y cuantos ecos...
Revancha soy de mí
y mi contrario
que ama ciego como un niño
hambriento de calor y de presencia
la dulzura redonda de tus pechos.
Te sigo con la envidia sana de la admiración
Mejor amiguèmonos, con el que fuimos...mal o bien , construyeron lo que somos...y si es por tu poesìa,Carz...estrechale la mano a tu pasado y a tu destino.
ResponderEliminar:)somos dos afectados, ya, con la envidia sana y el privilegio de leerte (ah! ademàs cargo con mi egoìsmo de no entregar tu blog en manos que no saben deleitarse!;))
Gracias a ambos.
ResponderEliminarHe de reconocer que me reconforta que lo que escribo cumpla otra misión que la de servir de válvula de escape.
Recordando los versos del viejo poeta de Alejandría:
El envejecimiento de mi cuerpo y su apariencia
son heridas de terrible puñal.
Resignacion no tengo.
A tí recurro oh arte de la poesía
pues algo sabes de remedios;
tentativas de envolver el dolor en la imaginación y la palabra.
Gracias a ambos de nuevo.