Cantina

El día comienza a visitarnos
tras el contraluz de tejados y de antenas,
tras otra de estas noches
inmersas en lo absurdo.

Educadas en colegios celestiales,
se despiden cortésmente las últimas estrellas
-que ya apenas se distinguen-
cansadas de esta luz amarilla,
apergaminada y sucia,
de las farolas mercuriales
que tan agrios recuerdos atesoran:
Amargas despedidas
en áridas estaciones
de trenes y autobuses
insomnes y desabridos.
Lo recuerdo: también lloraba entonces.

Yo, tal vez, quisiera retirarme
pero estoy anclado en la cantina
con un viejo compañero de fatigas:
De nuevo la sobria dignidad de la amargura
se refleja en la roja ebriedad de nuestros rostros.

El frío cauteriza las calles ahí afuera,
y parece esperarme con terribles promesas.
Resistiré su embate
con una nueva copa
que aumente la sensación interna de vacío.


Comentarios

  1. Es un extraño modo de amanecer,
    con el vacio amarrado a las entrañas.

    Muy triste, Carz.
    Hermoso pero muy desalentador.

    Mar :**

    ResponderEliminar
  2. Un fluir de palabras suaves (magnètico,y sencillamente descriptivo) tus palabras hechizando, creo que hasta tomè unas copas contigo...me sumerge, si, me has llevado a esa cantina."Lo recuerdo: tambièn lloraba entonces."
    "Resistirè su embate
    con una nueva copa
    que 'atempere' la sensaciòn interna de vacìo".

    ResponderEliminar

Publicar un comentario