Dedicado a la flor que habita en el peñasco.
Cuando lo absurdo suplanta a lo difícil
las sombras se adueñan del paisaje
en donde el alma se sintió
-por fin-
acompañada.
No llores, amor,
te sigo amando
con la terquedad insidiosa
del agua que se arroja a la cascada
y fabrica las grutas del peñasco,
con la ternura que ensombrece las pasiones,
con la pasión que desborda los océanos,
con todo mi ser
-tan poca cosa-
multiplicado para hacerse grande
y merecer por siempre tu sonrisa.
Nunca tu llanto.
      Maranatha (Come Lord), Lisa Gerrard
Sólo la terquedad del amor puede vencer la terquedad de las lágrimas.
ResponderEliminarY convertir las que se caen en una sonrisa.
Un fuerte abrazo.
Pues si alguien escribiera un poema pensando en mí, no sé si lo leería con sonrisa o seguiría llorando si estoy triste, lo único cierto es que nunca sería -poca cosa- alguien capaz de expresar tanto amor.
ResponderEliminarEsa flor seguro estará orgullosa de lo que inspira en ti, hacerse grande y multiplicarse para ser digno de una sonrisa es precioso.
ResponderEliminarUn beso
Cartz, cuanta dulzura colma tu texto, imagenes muy palpables y frescas, muy llenas de eso que llamas amor.
ResponderEliminarun abrazo