Salvaguardas

Guardé el tiempo
hasta hacerlo cuenco que acogiera al agua.

Guardé las noches
para cuando hubieran sueños.

Guardé silencio
hasta poder gritar un nombre.

Guardé mis manos hasta que
-por fin-
pude acariciarte.

Comentarios

  1. Así debe ser.
    Guardar todo para entregarlo todo.
    Y al final, como glosaba García Montero, la muerte encontrará vacías nuestras manos y se mojará los dedos con la lluvia.

    Abrazos.

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  2. Guardé las noches en que el tiempo
    hizo un amasijo de manos y silencio.

    Siempre supuse que, algún día,
    se dejaría dar forma,
    hendirse un nombre,
    surcarse de caricias.

    Quien guarda, halla.


    Precioso, Carz. Besos.

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