Hay muchas compañías, pero sólo hay una soledad. Y es tan propia como el cúmulo de pensamientos que la surcan, como la aglomeración de sentimientos que la componen y le dan forma.
La soledad no es una sinfonía de silencios, es un estridente desconcierto de emociones.
La soledad no es una sinfonía de silencios, es un estridente desconcierto de emociones.
La soledad suele jugar con los tiempos, tiene sus momentos que, a veces, son muchos. También lo hace con los lugares y sus paisajes. Pero no juega al escondite sino a tú la llevas.
ResponderEliminarAyer por la mañana vi que habías madrugado, paisano:(Flz-Añ-Nvo.)
Un abrazo grande.
Cierto, de soledad sólo hay una, la nuestra. Pero tan distinta cada vez. A menudo es odiosa y traicionera, otras, absolutamente necesaria.
ResponderEliminarBesos
Cuando estamos solos, nuestras emociones no tienen hacia quién ir. Y nos abarrotamos de nosotros mismos.
ResponderEliminarTambién hay compañías únicas:
aquellas por las que podemos fluir con todas las emociones.
Tu felicidad es la mía, selo por tanto. :)
Mis besos.
Una vez me perdí en el cemento: la soledad y el cemento son la misma cosa; maleables hasta alcanzar una consistencia pétrea. Una vez, también, hablé con ella y me dijo que la golpeara antes de convertirse en calle. Pero no fue suficiente ni un garrote, ni una cucharada. Y cuajó hasta convertirse en la solidificada imagen de un adiós.
ResponderEliminarDesde mi pasillo; una borracha.
Vaya si es cierto:
ResponderEliminarLa soledad no buscada ni aceptada se nos clava con una increíble estridencia.
Abrazos.
ayyyyyy
ResponderEliminarpero cómo me gusta lo que escribes, compositor. Sí, compositor.
La soledad de mirar los vacíos y escuchar los silencios es un arte, lo bueno es que no sea estridente, sino armónico...véase el conformismo que conlleva la soledad buscada (o conseguida -por h o por b-).
ResponderEliminarUna que se trabaja eso -también-.
Besos.