Para Eva (gracias, Ybris)
A veces,
uno desea el orden,
como antídoto a la desesperación,
a la ansiedad.
Entonces,
me aparezco como traidor
a mí,
a ti,
a las pasiones,
al desenfrenado rodar cuesta abajo,
a la tentación de los barrancos,
a la gloria en las flores.
El orden es aliado de la dicha
pero mortal enemigo de la felicidad.
(Anda... vamos a bailar desmadejados)
      Nipelaki Kwa Baba,   Doctor King'esi
Hay días descolocados.
ResponderEliminarSe escapan de la cuadrícula
del tiempo
con sus caóticas alas planeadoras
de barrancos:
abismo de los labios
ensimismados en el desorden
de los besos.
(Bailemos, pues...)
Estuve bailando desmadejada anoche durante un rato. Cuando sonaron las cinco de la madrugada me di cuenta de que no importaba no dormir, porque la felicidad hay que exprimirla cuando tiene ganas de fiesta.
ResponderEliminarY tú, ¿bailas o sigues el orden?
Besos
Tu inspiración la llevas dentro. Así que a mí poco tienes que agradecerme.
ResponderEliminarLa verdad es que el orden da -a algunos- una cierta seguridad, pero la felicidad es otra cosa.
Yo soy desordenado, pero más por exigencias de la avaricia del tiempo que por otros motivos.
Un abrazo.
Igual el dichoso orden no sea tan malo:
ResponderEliminarFelicidad=desorden=caos.